Nunca te amé más...
«Por fin entendí tus
palabras y las agradezco de forma infinita. Gracias por quererme tanto y ser
tan auténtico».
Le envié esas palabras, casi 5 años después de separarnos. ¿Por qué? Lo
necesitaba.
Lo nuestro no fue una separación ruidosa, ni por terceras personas, ni
porque dejáramos de querernos, simplemente se nos gastó el amor.
Me ahogaba y Jaime supo verlo, yo no. La monotonía me atrapó, el día a día
todo lo desgastaba y fue convirtiendo en insatisfactorio, lo que antes me
llenaba. Me pillé en una maraña de quejas y descontento, no quería y sin
embargo, lo hacía. Una sombra de lo que era. Algo en mi evolucionaba y yo era
incapaz de hacerlo, atrapada en una vida que no quería y me odiaba por estarlo.
Todo lo que había a mí alrededor me molestaba, especialmente Jaime. Él era el
centro de mis quejas, de mis iras, de mis malos humores, guardián de la prisión
en la que yo me sentía pero sin saber que lo culpaba.