21 de abril de 2017

En un segundo

Carlos jugueteaba con Lucas que, sentado sobre la cinta transportadora del aeropuerto, reía, su risa le hacía tanto bien.

Por fin había conseguido que Gabriela le dejara llevarse al niño ese fin de semana a Sevilla, los abuelos habían estado tan contentos y había jugado con sus primos, esos que tanto le faltaban desde que se había separado de Gabi.

Estaba agotado, Lucas era un terremoto. Era consciente de que estaba un poquitín mimado y siempre acababa cediendo a sus deseos, como ahora sentado a ratos donde no tocaba pero le sonreía con esa carita pecosa que tanto lo emocionaba y no podía negarle nada.


—¡Mira papá. ¡Brrrum, brrrum!!

El chiquillo se levantaba y se sentaba y volvía a subir y a sentarse arrastrando el camioncito amarillo, mientras soltaba de tanto en tanto una de esas carcajadas auténticas que le llenaban el corazón de orgullo paternal. Los años pasaban tan rápido y pronto su niño con tres años dejaría de querer jugar a esos juegos tontos que inventaba para él, le gustaba exprimir su imaginación y crear un mundo para ese niño al que tanto echaba de menos.

Ese fin de semana había sido un gran paso, Gabriela pareció entender que él quería ser un buen padre para su hijo, que se les había gastado el amor pero no para el niño y a pesar de que no le tocaba ni estaba acordado en el convenio de la separación, había accedido a dejarlo marchar fuera de su ciudad.

Carlos odiaba ese poso de tristeza y dureza que el divorcio les había dejado a ambos, los había convertido en desconocidos y sus miradas que antes eran de entendimiento ahora eran cautelosas y llenas de recelos.

En su separación no había habido terceros, simplemente lo suyo no había funcionado y tampoco intentaron salvarlo, se quedaron en ese cómodo y frustrante «que no se entendían» y se acabó. Lo único realmente bueno de su extinta relación era ese niño al que adoraban y que durante un tiempo se había convertido en un arma para herir al otro. Había habido un poco de todo, Gabriela había esgrimido en su favor la edad del pequeño y ese sentimiento exclusivo que como madre quería atribuirse sobre la mayor necesidad del pequeño, y él se había sentido desbordado, atosigado y sin saber muy bien cómo adaptarse a esa criatura y a esa nueva vida.
El resultado habían sido meses de tensión, de visitas a sus abogados y de condiciones que rayaban en lo absurdo, Gabriela no había cedido en nada y aunque él odiaba lo que se estaban haciendo no lo había parado. Su entorno tampoco ayudaba, sus padres lo presionaban, deseaban ver al niño y lo azuzaban con todo lo que se estaban perdiendo del crío. Él estaba enfadado con Gabi y su tozudez y echaba tanto de menos esos ratos compartidos en los que él inventaba cuentos en los que su peque siempre era el protagonista; ahora, todo se reducía a esas visitas de fin de semana que eran una tortura pero era eso o nada.

Por eso después de muchos tira y afloja, ese fin de semana era un soplo de esperanza, la decisión de Gabriela le ilusionaba, parecía que había vuelto a ser la mujer razonable que siempre fue y que sería posible compartir la custodia del niño, eso que ambos sabían que era lo mejor para el pequeño, el único que importaba.

Se sentía mucho más ligero mientras reía con Lucas, le despeinó los rizos mientras pensaba que ese niño parecía llevar en la sangre el gusto por los viajes. Le encantaban los aeropuertos. Siempre habían viajado mucho. A las pocas semanas de nacer el niño, él había tenido que regresar a Sevilla por motivos laborales, durante unos meses se encontraban los fines de semana, la mayor parte de las veces era él y otras, eran Gabi y el pequeño los que viajaban hasta que él consiguió un nuevo traslado en la misma ciudad. Ese fue uno de los principales problemas pero necesitaban el dinero. 
Ahora la entendía un poco más, esos meses criando al bebe sola habían sido una experiencia muy dura y aunque no fue mucho tiempo cuando estuvo de nuevo con ellos el daño era demasiado profundo, ella ya no lo necesitaba y su relación de pareja no existía pero tenían un niño precioso.

Un segundo… solo fue un segundo…

Sin saber cómo las risas de Lucas se convirtieron en alaridos, gemía de dolor. Carlos saltó de la cinta intentando encontrar el mecanismo de parada mientras los chillidos del niño se unían a los propios pidiendo ayuda. No era consciente de sus gritos mirando la manita regordeta de Lucas atrapada en el final de la cinta, juraba y maldecía mientras el niño lloraba de dolor. Consiguió pararla y con muchísimo cuidado Carlos rescató la mano del chiquillo que seguía aullando. Alzó al pequeño en brazos y corrió a la tienda más cercana gritando que avisaran a alguien, cada gemido de Lucas lo sumía en la desesperación y la impotencia más absoluta.

Carlos miraba los ojos del niño asustado mientras intentaba contener la impaciencia por la tardanza de los servicios médicos.

Una mujer se acercó corriendo seguida de una jovencita que tras echar una ojeada se dio la vuelta y salió en dirección contraria. El pequeño seguía gimiendo, no quería que le tocara la mano y él acabó gritándole. La mujer intervino para calmarlos a ambos.

Ahora volvió la jovencita acompañada de un hombre mayor en bermudas y con una horrorosa camisa floreada que parecía bailar a su espalda mientras caminaba.

—Es mi papá, él puede ayudarte.

A pesar de que la pinta del turista hortera no daba mucha confianza le dejó que se acercara a su hijo y sin ninguna vacilación el hombre cogió la manita de su hijo. El pequeño hipaba agotado de dolor y de cansancio. El turista abrió un maletín y empezó a practicar una cura de urgencia mientras al poco aparecía el equipo médico del aeropuerto que, rápidamente lo sustituyó alabando su rápida intervención.

Carlos ni se percató que todos desaparecían pendiente del pequeño mientras los trasladaban a las dependencias médicas. Allí siguieron con las curas y poco a poca la cara pecosa llena de manchurrones del pequeño se fue relajando, soltó el camioncito para coger el zumo de melocotón que le ofrecían y una tímida sonrisa asomó en su cara.

Más tarde, cuando ya ambos descansaban en el avión, Carlos se percató que no había agradecido la ayuda desinteresada de los viajeros. Sonrió con tristeza aún afectado por la calidez y generosidad de los desconocidos.

«¡Gabi! ¿Cómo se lo explicaba? ¿Y si ese absurdo accidente los ponía de nuevo de punta? ¡¡No!! Había sido un accidente, les podía haber pasado a ambos y que no por eso él era un mal padre. Afortunadamente solo había quedado en unos puntos que en unos días estarían olvidados pero no podían culparse de todo aquello que no podían controlar, tenían que confiar en ellos como padres y no sabía cómo pero estaba seguro que la iba a convencer».

                                                                                                                                                                                                   
                                                                                                      Conxita 

                                                                                                        


27 comentarios :

  1. Ufff!, sinceramente,... no se si Gabi lo entenderá!, en todo caso le puede ocurrir a cualquiera, ¿no?,... porqué no se puede controlar todo! Estupendo relato! Buen finde!

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    1. Gracias Norte.
      Yo espero que Gabi lo entienda porque es imposible controlarlo todo por más que queramos proteger a nuestros hijos, es imposible prever qué harán y lo que puede pasar.
      El problema es que a veces en procesos de separación todo se lleva al límite y cosas que pueden pasar a todos se convierten en armas para herir al otro, yo creo que mis protas no irán por ese camino.

      Me alegra que te haya gustado.

      Buen fin de semana también para ti.

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  2. No hay despiste posible con un crío, pero a todos no han pasado cosas parecidas, en un segundo todo puede cambiar y lo imposible pasa.Por suerte se puede reparar el daño.
    Nos has tenido en vilo hasta el final.
    Besos.

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    1. Cierto Alfred con los niños tienes que estar siempre muy atenta y aún así pasan cosas que no se pueden evitar.

      A los protas, pasado el terrible susto, quedó en unos puntos sin más consecuencias. Y esos incontrolables pasan desgraciadamente y en un segundo, se pasa de la felicidad más intensa al dolor y culpa.

      Un beso y feliz fin de semana

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  3. Cuando hay hijos pequeños de por medio y la separación de los padres no ha sido amistosa, cualquier percance de este tipo puede ser una excusa para arremeter contra la ex pareja. Nunca he entendido esa actitud de enfrentamiento constante utilizando a los hijos como arma arrojadiza. ¿Por qué un padre no puede ver a sus hijos siempre que lo desee en lugar de tener que ajustarse a un régimen de visitas concertadas? ¿Acaso las desavenencias conyugales tienen que pagarse con ese alejamiento del ser a quién un padre (normal) más quiere? Pocos son los casos de tutela compartida.
    Si esta historia fuera real, diría que solo espero que Gabriela sea comprensiva y comprenda que lo ocurrido fue simplemente un accidente involuntario. Aunque, dicho sea de paso, con los niños no se puede uno relajar ni un segundo.
    Un abrazo, Conxita.

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    1. Hola Josep Ma
      A mi también me cuesta entender ese hacer daño al otro usando a los hijos. En una pareja se puede acabar el amor pero cuando hay hijos, no se deja de ser padres nunca, no se deja de querer a los hijos porque haya una separación, bueno en la mayor parte de los casos. Son actitudes que perjudican a todos, niños y adultos. Me parecen muy tristes esas actitudes rencorosas y de batallar con los hijos y el amor que se siente por ellos. Aunque también me sorprenden para mal esos padres (lo siento pero pasa más con hombres) que una vez separados se olvidan de sus hijos y de las necesidades que estos tienen para vengarse de sus ex, cuando a los que dañan son sobre todo a sus hijos.

      Y sí con los niños no puedes distraerte ni un segundo, en un segundo todo cambia y siempre es mejor prevenir pero un accidente es algo que puede pasarle a ambos.

      En mi relato, Gabi lo entiende y vuelve a ser razonable con el padre de su hijo.

      Un beso y feliz fin de semana y mejor Sant Jordi, que lo disfrutes mucho.

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  4. Hola Conxita. A mí me ha venido una reflexión leyendo el relato (aparte de que en un segundo la vida te puede cambiar sin apenas enterarte), y es que a veces estamos tan ensimismados en pensamientos negativos cuando realmente lo importante está sucediendo ahora, el presente no hay que dejarle escapar. Yo creo que el relato también habla de esto, de apreciar lo verdaderamente importante.
    En todo caso, nadie está libre, a pesar de querer tener controlado todo, de un accidente como este.
    Me ha encantado Conxita, enhorabuena.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Muy buena tu lectura Ziortza, sí el relato también habla de eso como tú bien comentas, de esa vida que nos pasa planificando el mañana y sin disfrutar el hoy.

      A mi me parece que es uno de los grandes problemas de nuestros tiempos, en la que parece que nos olvidamos de disfrutar el momento presente persiguiendo otras cosas. A veces cuando veo a personas que se dedican en exclusiva a preparar su futuro o persiguen riqueza, prestigio profesional, posesiones, etc. y se olvidan de lo rápido que pasa el tiempo y que hay momentos relacionados con los sentimientos que pueden no volver si no los disfrutas: unos juegos con tus hijos, compartir momentos, leer un cuento, una charla relajada, un encuentro... disfrutar de lo que las personas nos aportan, eso pasa y son momentos irrecuperables.

      Y a pesar de que intentas controlarlo todo al máximo con los niños, nadie desgraciadamente se puede librar.

      Muchas gracias por decírmelo Ziortza, te lo agradezco.

      Un abrazo y feliz fin de semana

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  5. ¡¡¡Hola!!!
    Qué bien lo has contado y qué real. Un amigo de mi hijo tenía a sus papás separados desde que era bebé y aquello era horrible. A las reuniones escolares iban con abogado y procurador(lo prometo que lo he visto), ninguno cedía jamás y si a uno le tocaba el niño ese fin de semana y había cualquier cosa no cedía, yo tuve que cambiar un cumpleaños porque el padre no dejaba ir al niño ese fin de semana, y vivía al lado pero no le dejaba ir, tenías sus propios planes.
    También tienen otros amigos hijos de papis divorciados que no han tenido nunca problemas, afortunadamente hay de todo.

    Y siiii, en un segundo se nos va todo, hay que centrarse en el momento y en el presente.
    Besos y muy feliz fin de semana.

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    1. Hola Marigem,
      Cierto que pasa con demasiada frecuencia que se use a los niños para herir al otro, se deja de lado a los chicos y solo se busca herir a la expareja.
      Es triste porque en algún momento con esas persona que se convierten en enemigos se ha compartido vida y es terrible también hacerse eso a ellos mismos y por supuesto a los hijos, es un egoísmo absurdo.
      Muy triste esa situación que comentas, pobres criaturas en medio de la insensatez de los padres. Se olvidan de todo el daño que le causan a sus hijos y eso es muy injusto.
      Es cierto que también hay parejas que tienen muy claro que sus hijos están al margen de sus diferencias y no hay problemas entre ellos porque tienen muy claro el interés de los chicos.

      Desgraciadamente en un segundo todo puede cambiar, sin poder elegir y sí es importante disfrutar intensamente de nuestro presente, de lo que hacemos y de aquellos a los que queremos y nos gusta tener en nuestras vidas. Es importante valorar cada momento y disfrutarlo.

      Un beso y feliz fin de semana

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  6. Uffff, me has tenido sin respiración todo el tiempo.

    Me temo que Gabriela no volverá a confiar en Carlos. Cuando los recelos están tan enconados, la mayoría de la gente no atiende a razones, solo cree lo que quiere creer.

    En realidad, todo el relato tiene una carga dramática importante, pero nada como ese utilizar al pequeño como moneda de cambio, que no por extendido resulta menos doloroso.

    Me encantan tus relatos. Manejas como nadie el "factor humano".

    Besitos.

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    1. Hola Sara

      Es triste que personas que se han querido cuando se acaba el amor se dediquen a herirse utilizando a sus hijos, los niños tienen que estar por encima de todo porque son niños y porque son hijos de ambos.
      Es como dices, los recelos están muy enconados y muy confundidos porque dañan a los pequeños y los niños necesitan a sus padres, no estar en medio de peleas que no entienden. Como soy bastante optimista quiero creer que Gabriela no le hará más daño a su hijo y entenderá que ha sido un accidente, que desgraciadamente nadie está libre de sufrirlos.

      Bonitas las palabras que me regalas Sara, te lo agradezco enormemente. Yo soy la que está encantada que puedas dedicar un ratito a leer mis relatos, me anima y mucho.

      Un beso y que disfrutes de un gran día del libro.

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  7. Un accidente es un accidente, pero la madre -seguramente- dirá que dejar jugar al niño cerca de un lugar peligroso no es lo mejor que puede hacerse.

    Es muy cierto que en casos así la ayuda desinteresada de desconocidos se produce.

    Muy bien contada la historia. Con personas creíbles en situaciones de lo mas cotidianas.

    Soy un defensor de que -a veces- las separaciones son necesarias, pero aunque fastidien es recomendable recordar porque se eligió a esa persona para compartir un tiempo de vida, mejor que centrarse en la negatividad de los últimos tiempos.

    Y no hay que colocar nunca a los niños en el centro de ningún enfrentamiento.

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    1. Cierto Guille, ese niño no debería jugar allí era peligroso como se vio, pero también es cierto que un accidente es eso, un accidente y que no se puede controlar y también, que con los niños nunca hay bastantes ojos para vigilarlos.

      Me alegra que la historia te haya resultado creíble y mis personajes también hayan resultado convincentes.
      Me preocupaba un poco poder expresar la frustración y el dolor de Carlos por no poder ayudar al niño, creo que los padres siempre intentamos proteger a nuestros hijos de cualquier dolor y cuando a veces ocurre es mucho peor que si le pasara al propio padre.

      Es bonito ese recordar esos motivos por los que se comparte la vida con esas personas, se olvida con frecuencia y se centra como dices en lo negativo de los últimos tiempos, es muy triste porque se ha vivido mucho con esas personas, tanto como para tener un hijo al que se daña con esos enfrentamientos. Las parejas pueden ser exparejas pero los padres siempre son padres aunque ya no vivan juntos.
      Me parece terrible usar a los hijos como arma para herir al otro y también esos progenitores que se olvidan que tras una separación, que son padres.

      Besos y que mañana tengas un aún más feliz día.


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  8. Desde luego es horrible cuando los pequeños se hacen daño y no podemos evitarles el dolor, lo has contado con la angustia necesaria cuando Lucas se pilló su manita en la cinta.
    Sobre las situaciones de utilizar a los menores como moneda de cambio ¡uf!
    Una historia que se repite a menudo, supongo que tenemos que aprender a normalizar estas situaciones sobre todo por el bien de los niños.
    Lo has contado muy bien Conxita. Hasta pronto.

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    1. Hola Tara, me alegra haber sabido expresar la angustia porque era algo que me preocupaba un poco, conseguir transmitir el desespero que como padre sentía Carlos ante esa manita atrapada.
      También quería reflejar ese paso de la felicidad al horror en un solo instante, porque a veces nos preocupamos demasiado por el mañana y nos olvidamos de disfrutar de esos instantes únicos que pasan demasiado rápido y que no se recuperan.

      Sobre los niños atrapados en las historias de desamor de sus padres, en medio de sus rencillas y siendo utilizados para dañar, hay muchos casos y se siguen dando.
      Como bien dices sería bueno aparcar los sentimientos negativos propios y quedarse con lo bueno que hubo en algún momento, aunque en esas situaciones cueste, para poder construir una relación sana por el bien de esos hijos comunes.

      Muchas gracias por tu comentario.

      Un abrazo y que tengas un fantástico finde con ese precioso día del libro o de las letras de mañana.

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  9. Uf, menos mal que quedó todo en unos puntos. Me sobrecogí pensando que iba a ser peor, de todos modos, creo que la mamá del niño no lo entendería. Supongo que yo en una circunstancias similares, y de entrada, no reaccionaría muy comprensiva. Lo interpretaría como negligencia del padre, aunque sé que a todos nos puede pasar.
    Muy buen relato, Conxita.

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    1. Hola Ángeles
      Puede ser que Gabi no lo entienda y que culpe a Carlos de no vigilar más al pequeño en la cinta, es cierto y también que los accidentes pueden pasar, culparse y buscar consecuencias es algo que no es bueno para ninguno de los tres pero a veces las relaciones están tan enquistadas que no se piensa con serenidad.
      A mi me preocupa ese uso de los niños para lastimar al otro y me preocupa esos padres que se olvidan de sus hijos cuando se separan, no lo puedo entender, las parejas se rompen pero un padre o una madre lo son siempre. Cuando se ven algunas situaciones en la vida real en la que algunas parejas parecen querer destrozarse, me dan mucha penita esos niños que no entienden nada. Es muy difícil mantener a raya lo negativo, el dolor de la ruptura, las decepciones por esas personas a las que se amó y se convirtieron en desconocidos egoístas y fríos pero nunca los niños deben sufrir las consecuencias ni hacer de paño de lágrimas ni de sparring del padre de turno. No es justo para ellos.

      Gracias por tus palabras, feliz día del libro.

      Besos

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  10. Estaba tan metido en el relato, que me he sentido realmente aliviado de que al final todo se haya quedado en unos puntos. El problema es que lo que en otros momentos eso hubiera sido un simple accidente, en los actuales puede utilizarse como un punto de apoyo para tratar de demostrar la irresponsabilidad del padre.
    Besos.

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    1. Es tal y como dices Macondo lo que en otro momento hubiera sido un desgraciado accidente puede acabar convirtiéndose en la prueba de que es un mal padre.

      Con los niños no se puede uno relajar ni un segundo y hay tantas y tantas veces que se les tiene que decir no y aunque no lo entiendan por su bien, pero Carlos se siente un tanto inseguro en esos límites con el chiquillo, lo ve poco y lo tiene que regañar y se olvida que es mejor prevenir aunque pueda suponer una rabieta del niño.

      Un beso y que tengas un fantástico dia del libro.

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  11. Hola Conxita un relato con no deja indiferente. Es un tema delicado y a la vez reflexivo. La duda ante el amor y la irresponsabilidad filial cuando existe una separación por medio. Lo has reflejado muy bien. El ritmo del relato ha ido creciendo con ese final. Unos puntos. Ojalá no tengan consecuencias, yo creo que no. He echado de menos saber más de ese señor que acude en auxilio. Tan importante en estos tiempos.. gracias. Un abrazo

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    1. Gracias Eme.
      Tu frase lo resume perfectamente, la duda ante el amor y la irresponsabilidad filial en esas circunstancias, lo que antes no se pone en duda en una separación se esgrime como argumento contra el progenitor al que le ha pasado. Espero que esta pareja pueda sobrellevarlo por el bien de su hijo, que los necesita a ambos.

      Y el auxilio en momentos tan desesperantes es algo que es difícil de olvidar, sobre todo en momentos como los actuales en que hay "gente" que está demasiado ocpada haciendose un selfie en lugar de socorrer a otros, no pasa asi en el relato en el que varias personas corren a ayudar y precisamente una jovencita es la que trae la ayuda.

      Un abrazo y que tengas un feliz dia de los libros o como por aquí decimos un feliz Sant Jordi.

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  12. ¡Ay! Conxita, que mal momento he pasado en esa cinta; es uno de mis mayores miedos cuando estoy con los peques. Porque sé que los accidentes existen y, como accidentes, pueden pasarle a cualquiera. En fin, menos mal que andaban por allí los buenos samaritanos. Abrazos.

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    1. Estoy contigo Marisa con los niños siempre me han dado mucho miedo esas cintas y esos finales dentados y porque los niños son niños y sienten curiosidad sin percatarse a veces del peligro.
      Es un instante y en ese momento todo puede cambiar y nadie, desgraciadamente, esta libre de que le pase, pero en momentos de tensión como en un divorcio todo se saca de quicio y se usa para dañar más al otro y argumentar lo irresponsable y mal padre que es, eso me parece muy triste aunque Carlos no debería haber dejado jugar allí a Lucas pero seguro que él lo sabe y ya carga con ese remordimiento y tristeza por el dolor causado a su hijo para añadirle la presión de Gabi, espero que se entiendan, por el bien del peque.

      Es bueno saber que siempre hay personas dispuestas a ayudar, menos mal que no se dedicaron solo a mirar o peor a sacar fotos como hacen algunos.

      Un abrazo y muy feliz día de Sant Jordi, una preciosa jornada dedicada a los libros y las rosas.

      Para los catalanes hoy es el dia del amor, intercambiando rosas y libros entre las personas a las que queremos. Es un dia muy bonito para los que amamos los libros y las letras, emociona ver tantos libros en las calles y en las manos de las personas, y saber que se disfrutará con la lectura, ojalá fueran más días.

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  13. El relato natural y bien desarrollado en todos sus términos, padres, hijo, circunstancias, etc. Los detalles evidencian realismo…

    Destaco, tras leer los comentarios, el hecho que resalta Guille, también tú, sobre “es recomendable recordar porque se eligió a esa persona para compartir un tiempo de vida, mejor que centrarse en la negatividad de los últimos tiempos.”

    Este hecho, el del “olvido”, sigue estando presente, y alimentado, no solo por la pareja que fue, sino también por los hijos de ambos quienes, en un giro de no se sabe qué, utilizan ellos mismos a sus propios hijos, ¡nietos ya!, en una incomunicación con, generalmente su padre, que solo a ellos atañe… Pues éste hace ya tiempo que dejó de ser el “espantajo” que siguen alimentando como razón de su actitud…

    La vida, Conxita, como bien sabes!!

    Abrazos.

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  14. Los accidentes con los críos le pueden ocurrir a cualquiera, aunque permitir que el niño jugara en un sitio prohibido para ello, sí es algo negligente por parte del padre; estoy casi segura de que Gabi se lo hará pagar caro a pesar de que todo ha quedado en un susto. Esa es otra vertiente a tener en cuenta en estos casos de separación: los progenitores están tan deseosos de darle a los pequeños todo lo que pidan para compensar que no están con ellos siempre, que se tiende a mimarlos en exceso y a no negarles nada, incluso aunque no sea lo mejor para ellos...

    Qué buen relato, Conxita. Toca todos los puntos que se me ocurren en estas situaciones de separación con hijos de por medio. Es un tema complicadísimo en el que todos sufren, pero sobre todo y por ser los más vulnerables, los niños. Ojalá hubiera una fórmula perfecta para solventar estos casos. Da mucho que pensar tu texto...

    ¡Un beso grande y feliz domingo!

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  15. Como no puedo añadir nada a todo lo que ya te han dicho tus lectores sobre el relato y el tema que tratas, me centraré en un detalle que me ha gustado mucho, y es la presentación del "turista hortera". La forma en que has descrito el movimiento de la camisa me ha parecido muy atinada y muy visual.

    Feliz domingo.

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Mil gracias por tu comentario.
Conxita

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