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12 de abril de 2015

No hay silencio en una mirada


No podía ser... Se percató que se movía sin sentido, de un lado a otro, casi sin darse cuenta. Los latidos de su corazón tan fuertes que creía no resistirlo. Tenía que calmarse o le cogería algo.

¿Qué hacía él allí?

Sus miradas se encontraron a través del cristal del escaparate. 
Un ramalazo de calor subió por todo su cuerpo. Descarga de adrenalina pura. La emoción lo embargaba, en cada uno de los poros de su cuerpo, instalada en su estómago y su corazón repiqueteaba estrepitoso. Sofocado, se había ruborizado como un adolescente y sólo podía mirarlo.

No hay silencio en una mirada.

18 de diciembre de 2014

Una pequeña historia de amor

  

Lo suyo no había sido un amor de impaciencia, no había surgido en un instante, no había habido ni chispa ni primeras impresiones ni por supuesto amor a primera vista.
Lo suyo, había sido, si se podía llamar así,  un amor de largo recorrido, de muy largo recorrido. Un amor de contradicciones y desapariciones, un amor que llenó de esperanza la desesperanza.

Manuel aún recordaba la primera vez que la vio. La odió casi en el acto.

-  Manuel – su mujer estaba entusiasmada - quiero presentarte a Nana. - Los tres se miraron. - Nana este es Manuel.

Ella era entusiasmo, vitalidad, juventud y optimismo. A su alrededor, un remolino de risas, alegría, rizos oscuros y enormes ojos marrones. Ella era vida, desbordante y extenuante,  que compartía con los otros, sin pizca de egoísmo ni de maldad. Él estaba agotado  y rabioso contra el mundo.

Manuel, en aquel instante, ya supo, de manera inconsciente, que su vida iba a cambiar. No le apetecía lo más mínimo pero sabía que no había opción, era sí o sí. Esa certidumbre consiguió aumentar aún más su inquina por la nueva.

Lucía su mujer, la adoraba. Cuanto más la quería ella, más resentimiento se generaba en él. Le resultaba difícil explicar por qué sentía ese odio visceral hacía ella. Quizá fuera su desbordante vitalidad, su juventud o todo ese ruido que siempre la precedía, Manuel no sabía qué era, simplemente le molestaba que ella estuviera. No la quería allí, no la quería compartiendo su vida, o mejor, lo poco que quedaba de su vida.


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