30 de junio de 2018

Hasta pronto


Decía Cicerón No considero libre a quien no tiene algunas veces sus ratos de ocioSócrates apuntaba los ratos de ocio son la mejor de todas las adquisiciones y Aristóteles que la felicidad reside en el ocio del espíritu.


John Steinbeck nos recordaba que el arte del descanso es una parte del arte de trabajar y para William James todo hombre que pueda debe tomarse unas vacaciones de un mes una vez al año sienta que deba o no. Mientras Henry David Thoreau nos recordaba que el precio de cualquier cosa es la cantidad de vida que cambias por ello y John Battelle nos indicaba que a medida que creces, se aprenden algunas cosas. Una de ellas es tomar realmente el tiempo que ha asignado para vacaciones.

¡Qué sabios son los sabios!

"Me gustaría saber, se dijo, qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente dentro hay solo letras impresas sobre el papel pero sin embargo...algo debe pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia eterna. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventures, hazañas y peleas posibles... y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo". 

La historia interminable. Michael Ende


Nos leemos a la vuelta.
 ¡¡¡Muy feliz verano!!!


25 de mayo de 2018

Las hojas del té (II)


Ir a parte I
Ese diminutivo y todo el cariño que llevaba implícito hicieron que a Carla se le humedecieran los ojos. Tragó saliva. Dio un nuevo sorbo a la bebida y el silencio se hizo espeso.

Rosa esperó.

12 de mayo de 2018

Las hojas del té (I)


—¿Sabes leer las hojas del té?— Carla miró a su amiga que le devolvió una sonrisa satisfecha, de esas de las que sí saben. Suspiró, necesitaba creerla—¿De verdad?

28 de abril de 2018

Callar no es la respuesta

             Ni el sexo, ni la edad ni la confesión ni el partido político
                 pueden justificar el silencio de las injusticias. 
          Bertha Pappenheim
                 
Marina jadeó, abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua. Se ahogaba. Sus dedos buscaron una pequeña callosidad bajo su corto cabello.
Veía borrosas las letras del pequeño recuadro del periódico. Contuvo una primera arcada y por poco llegó al baño donde devolvió el desayuno. Pálida enjuagó su boca y se remojó la cara con agua muy fría. Le palpitaban las sienes. Se dejó caer hasta el suelo apoyándose en los fríos azulejos, temblando mientras sus manos retorcían la toalla blanca.


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