20 de octubre de 2017

Cuestión de ética 1



Querida Paloma.
Me duele saber que te defraudaré y te pido perdón por ello pero no puedo cambiar ni lo que pasó ni lo que fui.
Aquella extraña carta llegó a mis manos en uno de esos días en los que todo me salía mal. Mi despertador no sonó y salí de casa con más de media hora de retraso, sin coger el paraguas y mientras se me escapaba el autobús, el cielo decidió abrirse. Después algunos dirían que fueron escasos minutos y un chaparrón de verano pero yo llegué a la oficina como recién salida de la piscina. Después, mi día tampoco mejoró porque cuando un día empieza del revés, ya se sabe que cuesta enderezarlo.

7 de octubre de 2017

Apariencias


Se echó una última ojeada. 

«Perfecto»

Sonrió. Le encantaba su vida. El móvil vibró y sin necesidad de mirar supo que era su socio. 

Salió de la habitación.

Su colega ya lo tenía todo preparado, solo quedaba conectar su ordenador. Carlos era un torbellino de actividad que apenas dormía. Incansable, aunque tampoco él dedicaba muchas horas al descanso.

«Había tanto por hacer».

22 de septiembre de 2017

Baila, baila, bailarina


                                                     


Martina cerró la puerta. Se apoyó en el silloncito de la entrada y se sacó los zapatos de una puntada. Con el bolso aún colgado se acercó a la cocina. Abrió el congelador. Yogur con frutos rojos, turrón y vainilla con nueces de macadamia. Tres tarros de un kilo cada uno.

«Hoy turrón».

Cogió una cuchara sopera y se sentó delante del televisor.

«Se equivoca. Soy mejor que Silvia».

11 de septiembre de 2017

Un día de verano

Sofía decidió justo en ese momento que le gustaba la playa pero no una cualquiera sino esa de altos acantilados. Para entrar en el agua era necesario atravesar un manto de cantos rodados y de múltiples erizos que, escondidos, parecían esperar a los incautos para darles un espinoso mordisquito.

Había llegado huyendo de chillidos, parasoles y balones de todas esas orillas quizás mucho más bonitas pero que perdían su belleza por la forzada intimidad de los cuerpos al sol. Al llegar allí se había sentido arropada con esa generosidad que tiene la naturaleza. Sí, le gustaba esa cala.
  

1 de septiembre de 2017

Volviendo...

El verano y las vacaciones van llegando a su fin y aunque sigo recordando el sol y la sal en la piel toca ya incorporarse, eso sí saboreando la calma y el sosiego que proporciona ese tiempo que es solo de uno, en el que se olvidan las obligaciones y los relojes y se disfruta del tiempo al aire libre, del mar, de la montaña, de la familia, de los amigos... de todo eso que es lo que realmente importa. 

No puedo dejar de dedicar en Enredando con las letras unas palabras a mi ciudad y al terror e irracionalidad que hemos sufridos este agosto del 2017.

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Aún conmocionada, con una tristeza inmensa, las emociones a flor de piel y con ese grito que como tantos barceloneses hice mío No tinc por, No tengo miedo, quiero destacar de esta barbarie que hemos sufrido el cariño, la solidaridad, la generosidad, el amor, los pequeños gestos de desconocidos y personas anónimas que no dudaron en ayudar a quiénes lo necesitaban y que me hacen sentir muy orgullosa de mi ciudad y de mi gente.

Destacar la labor de tantos y tantos funcionarios, esos policías (todos, los de aquí y los de allí) equipos de emergencia, médicos, enfermeros, bomberos… y a tantas personas anónimas que estuvieron a la altura. Gracias a ellos y no a aquellos que ni siquiera en momentos así saben estar, lo primero siempre es la vida y la gente. ¿Cuándo se entenderá eso?

Para finalizar con estas letras improvisadas quiero señalar el gesto de ese padre que perdió a su hijo de tres años abrazado al Imán de su ciudad, que salió en la prensa y en la televisión y que también algunos han criticado. ¡Qué fácil es juzgar y criticar! A mí me emocionó la generosidad de esos padres, de esa familia llena de dolor y ese homenaje a su hijito muerto, que el odio no gane.



Estos días he vuelto a pasear por las calles de mi ciudad y a pesar del dolor, de la tristeza inmensa que está ahí y que es difícil de olvidar, no van a conseguir que tengamos miedo. Espero que aquellos que utilizan el odio, el dolor y las masacres para atemorizar NUNCA lo consigan.


He acompañado estas palabras de la imagen usada para la manifestación del sábado 26 de agosto en Barcelona del artista Frederic Amat y la del homenaje espontáneo que hicieron las personas en la Rambla y de la Casa Batlló es de una gran fotógrafa y amiga Muntsa López.
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