10 de mayo de 2015

Asalto al castillo

La misión era sencilla, sólo colarse en el castillo, silenciar a los arqueros y bajar el puente levadizo, sus compañeros se encargarían del resto. Lo había dominado el orgullo, ya era uno de ellos. Era un gran escalador, no había pared que se le resistiese, con manos y pies parecía pegarse a las rocas. 

  ¡Va a ser chupado!— le dijo a su jefe, el barbudo lo miró al tiempo que movía la cabeza y le decía que no lo dijera, que lo hiciera.

3 de mayo de 2015

Su nombre es Libertad


Dichosa, así se veía en ese instante. Era la culminación en su vida, para lo que una  se preparaba casi sin darse cuenta. “Era como debía ser”. Esos largos meses los había dedicado a imaginar cómo sería su existencia a partir de ese momento. ¿Cambiaría su vida? No había ninguna duda. Lo haría.

Le  preocupaba el desenlace. Un poco o quizá un mucho, no quería pensar ya que la asustaba. Sabía que en función de lo que pasara, su vida sería mejor o peor, pero no quería elucubrar sobre eso. ¡Aún no! En sus oídos, sin escucharlas, seguían las voces y rezos arraigados en años de uso de su madre, la abuela y quizás también las de su suegra.

Vivía en una sociedad moderna aunque para ellos nada hubiera cambiado. Se sabía conservadora, amaba a los suyos y no quería decepcionarlos. Pero, muchas de sus creencias no las comprendía e incluso había algunas de las que dudaba o rechazaba, pero nada decía.  Intentaba llevarse lo mejor posible con el allí y el aquí, no quería ambivalencias que los hicieran sufrir ni a ella ni a los suyos, odiaba las desavenencias que no llevaban a nada, le desagradaban las rivalidades y desafíos sobre cosas que no sabía. A ella le gustaba tender puentes  y  unir espacios, no añadir lejanía. En su rostro, el anhelo de quien lo único que busca es la felicidad y la paz a su alrededor.

19 de abril de 2015

¿Por qué no lo veis?


9, 8, 7, 6, 5, 4, 3...2.....1......0!!!

La explosión fue tan fuerte que Marcelo se tapó las orejas. Gritos, ruidos, luces estridentes, golpes…y aplausos. El hombre miró a su alrededor atónito. 

¿Estaban locos o qué? ¿Por qué aplaudían? 
Empezó a vociferar exigiéndoles que callaran, que no los animasen. ¿No veían lo que estaba pasando? Solo obtenía respuestas airadas y descorteses, insultos e interjecciones nada cariñosas.

¿Por qué no se daban cuenta?

12 de abril de 2015

No hay silencio en una mirada


No podía ser... Se percató que se movía sin sentido, de un lado a otro, casi sin darse cuenta. Los latidos de su corazón tan fuertes que creía no resistirlo. Tenía que calmarse o le cogería algo.

¿Qué hacía él allí?

Sus miradas se encontraron a través del cristal del escaparate. 
Un ramalazo de calor subió por todo su cuerpo. Descarga de adrenalina pura. La emoción lo embargaba, en cada uno de los poros de su cuerpo, instalada en su estómago y su corazón repiqueteaba estrepitoso. Sofocado, se había ruborizado como un adolescente y sólo podía mirarlo.

No hay silencio en una mirada.

2 de abril de 2015

Toda una vida...

De repente Malena deja la escoba, cansada y un poco temblorosa, se toca el pelo. Sus manos intentan domar los cabellos que, electrizados por la humedad, escapan como un acto de rebeldía hacía esa cinta estrecha que los encorseta.  Un gesto repetitivo, sin mucho sentido. Se siente extremadamente frágil, conmovida y no sabe el por qué. Sus ojos se humedecen y siente las lágrimas bailotear en sus pestañas.

A su alrededor todo parece igual. La ventana con sus flores, quizá ahora un poco mustias. ¡Toca regarlas! A su lado, el sillón algo raído y vacío. ¡Vacío!  Una pequeña mesita con un vaso solitario. Un poco más alejada, la vitrina con todas sus fotos. Sus hijas, sus nietos, su tesoro. El silencio. ¡Cuánto silencio!

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