Miriam cogió el décimo de lotería. «Este
año, nos toca». Sonrió. Eso era lo que pensaban los millones de personas que
seguían comprando una lotería que pocas veces les tocaba. Recordó la voz de
su abuela cada vez que se quejaba.
—Siempre hay alguien a quien le toca, mi niña.
—Pues yo no conozco a nadie y el poco dinero que tengo no lo pienso
desperdiciar.


