12 de abril de 2015

No hay silencio en una mirada


No podía ser... Se percató que se movía sin sentido, de un lado a otro, casi sin darse cuenta. Los latidos de su corazón tan fuertes que creía no resistirlo. Tenía que calmarse o le cogería algo.

¿Qué hacía él allí?

Sus miradas se encontraron a través del cristal del escaparate. 
Un ramalazo de calor subió por todo su cuerpo. Descarga de adrenalina pura. La emoción lo embargaba, en cada uno de los poros de su cuerpo, instalada en su estómago y su corazón repiqueteaba estrepitoso. Sofocado, se había ruborizado como un adolescente y sólo podía mirarlo.

No hay silencio en una mirada.

2 de abril de 2015

Toda una vida...

De repente Malena deja la escoba, cansada y un poco temblorosa, se toca el pelo. Sus manos intentan domar los cabellos que, electrizados por la humedad, escapan como un acto de rebeldía hacía esa cinta estrecha que los encorseta.  Un gesto repetitivo, sin mucho sentido. Se siente extremadamente frágil, conmovida y no sabe el por qué. Sus ojos se humedecen y siente las lágrimas bailotear en sus pestañas.

A su alrededor todo parece igual. La ventana con sus flores, quizá ahora un poco mustias. ¡Toca regarlas! A su lado, el sillón algo raído y vacío. ¡Vacío!  Una pequeña mesita con un vaso solitario. Un poco más alejada, la vitrina con todas sus fotos. Sus hijas, sus nietos, su tesoro. El silencio. ¡Cuánto silencio!

25 de marzo de 2015

La cara b de los cuentos. El despertar de la inocencia.

El crujido de las ramas ensordecedor, las piñas encendidas saltan de un lado a otro del bosque prendiendo nuevos sectores. Las llamas anaranjadas bailotean dibujando grotescas figuras al tiempo que todo lo iluminan. Vislumbres de siluetas de animales que corren despavoridos. De fondo, ruidos, quizá disparos. Terror y enloquecida desbandada.

Unos ojitos asustados…

El cervatillo corre acompañando a su madre, demasiado aterrorizado para fijarse en nada. No sabe qué pasa, simplemente corre. Olfatea el miedo, el pavor que todo lo impregna. Corre.

El horror había empezado horas antes. El bosque se había llenado de estruendos y estallidos, su mundo había empezado a correr. Se añadió el olor del fuego y el bosque había enloquecido. Todos huían. El joven ciervo y su madre vuelan veloces, sus elegantes figuras buscan salidas. Sin aliento, parados en un claro del monte, la cierva olfatea el aire intentado seguir la pista correcta, temblorosa pero al tiempo decidida. El aire lleva briznas de ceniza y desesperación.

-          “Mamá, tengo miedo”.


15 de marzo de 2015

reconocimientos


Hace días que tengo pendiente esta publicación y no es por falta de ganas. Quiero agradecer cuatro nuevas menciones a este jovencísimo blog. Estoy muy ilusionada por recibirlos. Me enorgullece ver que personas con más experiencia, leen y se toman un tiempo en mi blog. Gracias de verdad.

Enredando con las letras ha empezado sus pasos en este mundo virtual, en el mes de noviembre de 2014. Son escasamente cuatro meses los que llevo publicando mis relatos y compartiéndolos con compañer@s y ahora un poquito, amig@s. No me canso de repetir que me emocionan y animan cuando leen mis historias, me hacen llegar sus opiniones, reflexiones y aquello que les sugiere lo que escribo. Es fantástico, me hace feliz y espero ir mejorando cada día un poco más en esta pasión por contar historias.

Agradezco la mención del Black Wolf Blogger Award a Eduardo Guerrero del blog En esa hora maldita. Recibir un premio de mis compañer@s, que dedican su tiempo y ganas a leer mis relatos, me parece fantástico, me ilusiona y me motiva a seguir escribiendo.
También a Francisco Moroz del blog Abrazo de libro que de nuevo ha vuelto a pensar en mi blog para este nuevo reconocimiento y al que agradezco especialmente su apoyo y entusiasmo desde el primer día.


8 de marzo de 2015

En nombre del amor...


Envíame un mensaje cuando llegues


Al principio le había parecido precioso que se preocupara tanto. ¡Había tanto cariño en sus gestos! Ni una duda, ni una vacilación. No requería ningún esfuerzo, no le costaba nada. Era fácil hacer que el otro estuviera tranquilo. Se querían tanto. Estaban tan enamorados.  

Se acostumbró a informar. Empezó cuando llegaba a la oficina, salía para casa o a donde fuera ese día y después, de cada paso que daba. Cada situación de su vida, tenía un mensaje o una llamada.

Se añadió la preocupación, cuando había una cena, ir al cine o quedar con los amigos y no asistían ambos. Casi sin salir ya había un compromiso de no tardar.

“Te esperaré sin dormir”


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