19 de julio de 2015

Ascensor panorámico





















Mientras subía, a sus pies quedaban todas aquellas cosas por las que tanto había luchado. 

Recordaba la frase “Elevamos sueños” escrita en el dintel del ascensor panorámico que prometía vistas espectaculares y ahora, lo llevaba a no sabía dónde.

Eso era, sus sueños se iban elevando al mismo tiempo que él parecía desaparecer de esa vida. ¿Dónde estaba la luz blanca? ¿Y el túnel? Allí no había nada, solo un ascensor que subía y subía. Sonrió, otra mentira más. Eso sí, con un punto de cinismo, era un ascensor veloz y cómodo que mientras te subía te permitía despedirte de tu vida. Eso, lo tendrían que decir en la publicidad.

A sus pies iban quedando todas aquellas posesiones tan deseadas. Esos ingratos sinsabores, gentileza de la vida. Esas alegrías inesperadas. Esos momentos que no apreció demasiado, obsesionado en conseguir más y más, dónde solo lo material era importante, no había nada más. ¿Lo espiritual? ¿Valores? Eso eran “patochadas de cuatro hippies que seguían pillados en algún viaje de LSD”, lo proclamaba a diestro y siniestro seguido de una carcajada estridente. Triunfar era conseguir dinero: cuanto más tenías, más valías.

Ahora, mientras subía y subía, veía que todo aquello que tenía no conseguía frenarlo, no podía llevárselo ni anclarlo en ese mundo que ya se perdía.

Tenía la sensación de que solo le quedaba tiempo para encontrarse consigo y le aterraba ver lo que había hecho. En el fondo tenía la amarga premonición, quizás fruto de su herencia en un colegio de curas, de que si habías hecho un buen trabajo en lo personal, el viaje era más rápido.  En  su caso, demasiado ocupado en acumular posesiones y olvidarse de todos los que no fueran él, estaba siendo muy largo, tiempo de aprender a desprenderse de todo lo que había atesorado.

Aún, ahora, mientras boquea, le cuesta reconocer que todo aquello que tanto anhelaba, no le sirve para nada. 

Recuerda su Porche Cayenne, su Aston Martin y un montón de los mejores deportivos que él acumulaba. De acuerdo, se admite, parados, inútiles, esperando no se sabe el qué. 

Más allá, sus mansiones, siempre lujosas, Desde la minimalista, como estaba de moda, hasta la más clásica, con lo mejor, los mejores arquitectos, los más famosos diseñadores… y que nunca hicieron que se sintiera en casa.

Millones de euros en paraísos fiscales, que ahora asegurarían la vida a otros que no eran él. Con una media sonrisa, se dice que espera sepan ser felices, él no ha sabido.

Había despilfarrado la vida, primero en aras de construir su imperio y después para mantenerlo. Se equivocó, su ambición se convirtió en su motivo para vivir.

Trabajaba y trabajaba y perdió el para qué. Recuerda cuando empezó, todo parecía tener sentido, ser rico, que no le faltara de nada, que lo admiraran y lo consiguió. Creó una familia que destruyó, Busco el reconocimiento de sus iguales, más tarde ser el mejor y consiguió envidias y resentimientos, al final ya no sabía ni qué buscaba ni tampoco le importaba. No era feliz y lo peor, no lo sabía.

Y el ascensor seguía subiendo mientras él se despojaba de todos los oropeles por los que tanto había peleado. Se había dejado por el camino el tiempo para disfrutar, tan preocupado por triunfar que dejó de vivir.

Sigue mirando mientras se despide de todo aquello que nada le aportó, de todos los que lo adularon que no quisieron, de los que lo temieron, envidiaron o engañaron, de los que intentaron amarlo y a los que no dejó. Vivir se le quedó por el camino.

Ya no ve nada.

En el ascensor, el servicio de urgencias, certifica la defunción del visitante por un infarto de miocardio.





Conxita

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foto CC NY juny2015



                      

                                       

                     

12 comentarios :

  1. Intensa reflexión convertida en relato durante el que vamos visionando la realidad (La pura realidad) de lo que nos espera después de todo lo que sufrimos para vivir, todo lo que creemos y hacemos imprescindible cuando en realidad nos estorba para conseguir la autentica felicidad.
    Todo tu relato, me hizo recordar un pequeño poema que nos puede servir de referencia en los momentos en los que nos entre la ansiedad por ser y tener más:

    https://plus.google.com/+JosueAQM/posts/9xcU6SxRZ7a

    Un abrazo enorme Conxita y gracias por escribirlo.

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    1. Gracias como siempre Francisco por tus palabras. He leído el poema que recomendabas y estoy totalmente de acuerdo con lo que se dice.

      Nos dedicamos a perseguir más y más, más de todo para perdernos las cosas importantes por miedo a perder las posesiones y por el camino se va quedando todo aquello que realmente es importante, ser feliz, vivir, disfrutar..

      No somos nada si no tenemos poder, dinero, posesiones, que nos admiren, ser los mejores, los más listos, todo para mostrar y acumulamos y vamos persiguiendo una vida donde cada vez nos volvemos más insaciables, más, más y más. Y cuando llega el momento,¿en qué nos ayuda todo eso?

      Pero no nos damos cuenta y seguimos persiguiendo, mientras dejamos por el camino nuestros sueños y aquello que nos haría realmente felices.

      Un abrazo

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  2. Me encanto el relato. Es muy cierto lo que dice y definitivamente el dinero no lo es todo.
    Es importante encontrar un equilibrio entre esta forma de vivir que nos lleva a siempre querer tener más, pero que en el camino nos quita algo que jamas podremos recuperar: "el tiempo"; quizá cuando queramos empezar a vivir ya sea demasiado tarde.

    En mi ultima entrada escribí:
    "Atrévete a vivir una vida con propósito y cosechar sus frutos, ayuda, ayúdate y pide ayuda cuando sea necesario, reta a otros a vivir una vida con propósito, conviértete en un entusiasta de la vida."

    Saludos.

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    1. Gracias Josue por tu comentario.
      El problema es que esta vida acelerada y de consumismo nos hace creer que somos lo que tenemos, las personas se miden por conseguir, por ser más y mejor que los otros, por poseer...ir contra corriente siempre es difícil, pararte a pensar qué es lo realmente importante cuesta, nos olvidamos que el tiempo es finito, que hay oportunidades que nunca vuelven, personas que dejamos por el camino olvidadas por la falta de tiempo...todo eso, que es vivir no vuelve.

      Ser el mejor, el más profesional, el hombre del momento, el que más dinero tiene, el que tiene la mejor casa, el mejor coche, despertar envidias y celos, burlarse de los otros, creerse Dios...a nuestro protagonista de poco le sirvió, cuando se dio cuenta por el camino había dejado la vida, a personas que lo quisieron y para las que no tuvo tiempo, oportunidades que rechazó para no perder su patrimonio, su estatus o yo que sé qué...y al final, estaba solo, ninguna de sus cosas le dio lo que necesitaba y él perdió tanto, se perdió la vida.

      Me gusta tu "entusiasta de la vida", yo diría más, convierte en el más entusiasta de tu vida, tu eres importante.
      Un saludo

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  3. Las palabras acompañan lo que hacemos y expresan lo que vemos (o nos parece ver).

    Al leer el relato, he sentido que era una vida muy alejada de la mía. ¿Y si lo pierde todo? Pues que lo pierda. Apostó por algo. No se lo reprocho. Únicamente le reprocho que pisoteara a otra gente para conseguir lo suyo.

    Estoy de lunes.

    Un abrazo.

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    1. Gracias Ignacio por tu comentario.

      No te parece que el problema es que estas personas estan inmersas en una vida de competición con todo y consigo mismos y al final pierden el norte, no saben ni qué buscan, se convierten en unos insatisfechos a tiempo completo. Nunca hay bastante, están arriba...quieren estar más arriba. Ganan dinero, quieren más dinero. Tienen fama y prestigio, quieren mucho más, Más, más y más y nunca hay bastante. ¿Realmente qué buscan? ¿qué necesidades han de cubrir que siguen buscando más y más? ?¿por qué la vida se les queda tan pequeña?

      Algunos se dan cuenta, otros nunca y se los llama exitosos.

      Un saludo.

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  4. Muy interesante relato pero sin la clásica luz blanca esplendorosa, ni la luz roja, se supone diferente a la de emergencia, "ya no ve nada" de su caleidoscópica vida que en vida es satanizada por haber construido un imperio y haber dado probablemente cientos de trabajos disminuyendo con ello el numero de parados, pero irónicamente esta acción social no es negociable "alla arriba" ni aca abajo por sus impolutos sacerdotes, pero si es valido los cheques, para la refaccion de la iglesia o para los niños menesterosos, en fin son bienvenidos las escasas monedas de los feligreses y sus oraciones con los cuales obtendrán "la visa" que sellara muy gustoso San Pedro?

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    1. Muchas gracias Luis por tu visita y tu comentario.

      Tienes razón que muchas de las "cosas" de las que con frecuencia nos "enorgullecemos"o se presume y que se buscan con afán, de poco sirven cuando te mueres. Ya lo intentaron en la antigüedad, me vienen a la cabeza los faraones y sólo arrastraban con su muerte a más inocentes, pero aún y así, seguimos acumulando cosas y perdiendo las realmente importantes por el camino.

      Un saludo y te animo a seguir leyendo mis relatos y comentarlos, me encanta saber qué os parecen. Se bienvenido.

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  5. Ya sabes que yo repito mucho eso de que lo mas importante no tiene precio pero si mucho valor.

    Las posesiones materiales pueden alegrar, facilitar una vida mas cómoda, marcar un estatus... pero solo valen la pena si no nos hacen olvidar lo importante...

    Tu ya sabes, primero van las pelotas de golf y solo al final añadiremos la arena de playa.
    Y siempre manteniendo abierta la posibilidad de unas cervezas.

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    1. Hola Guille, gracias por este repaso de lectura que estás haciendo en mi blog. Me encanta saber tu opinión, también lo sabes.

      Como siempre y después de tu fantástico relato, ya te dije que me encantó, primero el golf y después la playa...entendido por supuesto como las pelotas y la arena, pero siempre dejando un espacio para disfrutar.

      Con frecuencia se acumula mucha arena, algunas pelotas de golf y ninguna cerveza y por este orden, porque lo único que acaba importando es el poder, el prestigio, el dinero, el ser el que más sabe, el poderoso...entonces se olvida un poco o un mucho la familia o se tiene porque también forma parte del estatus, y por supuesto, los amigos son sólo aquellos que aportan más dinero, más oportunidades de negocio y mucha más arena...¡Qué tonto! pero muy frecuente.
      Déjame decirte algo que sabemos, de acuerdo que el dinero no da la felicidad, pero ayuda...porque con problemas económicos y dificultades importantes, tampoco se es muy feliz, pero en la armonía, en la proporción, en saber distribuir las pelotas de golf, la arena de playa y las cervezas está la felicidad.

      Un saludito, voy a ver tus reflexiones...

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    2. Paso a leerte, no encuentro novedad y busco en lo anterior que es novedad para mi.

      Contra todo postureo pienso que es mejor tener dinero que no... otra cosa es como lo empleas y en que zona de las prioridades lo colocas.
      Hacer lo mismo que hago con mucho dinero me serviría pata viajar mas, para comprarme vinos sin mirar la etiqueta del precio, para comprarme una casa mas grande donde haya mas espacio vacío que libros (lo contrario que ahora), o sea para comprar lo que hiciera mas satisfactoria la vida que ya llevo ahora.

      En la definición de los psicólogos de felicidad (hable de memoria, tu sabes mas que yo) se incluye una vida personal satisfactoria, reconocimiento laboral y un mínimo económico suficiente.

      El problema no es el dinero: que es un buen esclavo pero un desastroso amo.

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    3. Ya comenté Guille que, a diferencia de muchos de vosotros, yo soy muy lenta escribiendo, acostumbro a publicar cada 15 días, pero tienes razón que mis otros escritos para ti son desconocidos y me gustará saber qué te parecen.

      Te doy la razón, yo también pienso que es mejor tenerlo que no tenerlo, eso sí...utilizarlo para disfrutar viviendo, no para esclavizarse para conseguir más, que también pasa, gente que cuanto más tiene, más quiere y se olvida que vivir es algo más que trabajar a todas horas, como dices el dinero se convierte en su amo y eso es desastroso.

      Me gusta tu definición de felicidad...yo en eso, también soy de coger la que más nos satisfaga a cada uno de nosotros...porque como siempre las reglas me llenan de preguntas...¿la felicidad es igual para cada uno de nosotros? ¿quién dice cuándo hemos de ser felices? ¿qué es la felicidad?...y un montón de preguntas que se generan, soy una descreída...todo lo aplico de manera personalizada.

      Saluditos

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Mil gracias por tu comentario.
Conxita

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