6 de julio de 2017
9 de junio de 2017
Grillar
Llevaba días
escuchando aquel ruido en cualquier lugar, casi formaba parte de su cabeza. No
conseguía explicarse por qué se le erizaba el vello y aunque se tapara los
oídos, no desaparecía ni averiguaba el origen.
No le daba tregua.
No le daba tregua.
Criic-cric-c-cri-cr-criiiiic
Recordaba uñas
rasgando una pizarra, le producía escalofríos, todo lo molestaba y aquel ruido lo estaba
volviendo loco.
Criic-cric-c-cri-cr-criiiiic
Había
inspeccionado a fondo cada una de las habitaciones del pequeño apartamento en
el que vivía, regalado a su vecina, las pocas plantas que apenas malvivían en su casa, revisado paredes, puertas, armarios… Y no había encontrado nada.
Criic-cric-c-cri-cr-criiiiic
21 de mayo de 2017
¿Existen las casualidades?
Sara cerró los ojos al leer el nombre mientras notaba desagradables punzadas
en su estómago, la boca muy seca y el corazón a mil por hora.
¿Existían las casualidades?
De repente volvía a ser una niña en el patio de la escuela mirando al
grupito de aquellas que creía sus amigas y que ahora esquivas y distantes la
ninguneaban.
¡Cómo dolía!
Cuando tocaba el timbre anunciando el recreo siempre era la última en salir
de clase, le gustaba recoger sus cosas, guardarlas en el pupitre y colocar los
bolígrafos en el estuche con parsimonia hasta que los profesores la urgían a
salir del aula. Odiaba aquellas carreras a su alrededor, las camarillas en las
que no se sentía bienvenida, las risas y chanzas en las que no participaba y de
las que con más frecuencia de la que le gustaría parecía ser la protagonista.
Si
pudiera tener superpoderes se pediría ser invisible.
21 de abril de 2017
En un segundo
Por
fin había conseguido que Gabriela le dejara llevarse al niño ese fin de semana
a Sevilla, los abuelos habían estado tan contentos y había jugado con sus
primos, esos que tanto le faltaban desde que se había separado de Gabi.
Estaba
agotado, Lucas era un terremoto. Era consciente de que estaba un poquitín
mimado y siempre acababa cediendo a sus deseos, como ahora sentado a ratos donde
no tocaba pero le sonreía con esa carita pecosa que tanto lo emocionaba y no
podía negarle nada.
3 de abril de 2017
Mujeres sabias
Esa mañana su hija la
había llamado para preguntarle si podía recoger a la niña, la canguro la había dejado colgada. «Por supuesto que podía», le gustaba esperar a la pequeña en la puerta de la escuela y
compartir esos ratos ellas dos solas.


